viernes, abril 26, 2019

Machos y susurros*




La primera imagen en el estudio: los candidatos, cariacontecidos, detrás de los atriles, reciben las últimas instrucciones de su equipo de asesores. Un debate no es una conversación, sino un combate, a cara de perro, con insólitas armas dialécticas y cosméticas. Sánchez, que es el único de los cuatro que ya pisa moqueta, desaprovechó la oportunidad de situarse por encima de la gresca, repitiendo “las derechas”, tantas veces como le fue posible, sin ganar ningún cuerpo a cuerpo. Voló a escasa altura. Tampoco Rivera ha recuperado brillo y ya sólo confía en que el barullo alumbre una mayoría naranja. Iglesias optó por una exhibición de inteligente mesura, para ofrecerse como el lado bueno de un PSOE veleta, sin apartarse de su plan: blandir un ejemplar de la Constitución. Fue el más torero. Casado, correcto como una tortilla francesa, no quiso reclamar para sí el título de jefe de la oposición; no hirió, pero tampoco fue herido. El debate de propuestas duró exactamente media hora. Después, la violenta plasmación de la falta de talento. Se odian, se temen, pero el futuro pasa por ellos. ¿No les parece desolador?
23 de Abril.

* *
Definitivamente, conocerlos no es amarlos. Qué desagradable el debate decisivo; qué bronco y qué triste. Dos horas más de televisión con esta gente -cuatro horas en dos días consecutivos-  no hay cuerpo que lo aguante. El contribuyente teme imaginárselos a puerta cerrada, sin Vallés ni Pastor acortando las riendas. Sánchez prefirió, una vez más, el refugio de las tablas, desde donde, reiteradamente, llamó mentirosos a sus rivales. No estuvo bien el presidente, lento y pálido en un escenario que no le beneficia. Mentira y derecha son dos palabras que en boca del candidato socialista quieren funcionar como el ajo contra los vampiros. No ganó, pero tampoco perdió por incapacidad de los contrincantes. Rivera y Casado tuvieron incluso algún momento de confrontación. Fue gracioso porque en la pelea parecen inexpertos; dos jóvenes de club deportivo disputándose el barco de papá. Y eso es lo que se echó en falta: alguien adulto, la dignidad de los cargos en democracia. Iglesias, que ya no confía en mandar en solitario, ha abandonado su estrategia revolucionaria para abrazar el discurso tranquilo frente a los machos alfa que se enzarzan por La Moncloa. Ahora prefiere domar a Sánchez y para ello susurra.
24 de Abril.

* Comentarios a los debates electorales del 22 y 23 de Abril de 2019. Publicados en El Diario Montañés.

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