jueves, diciembre 10, 2020

Rey*


El escritor de columnas, aunque no lo parezca, es un ser humano como los otros, con sus flaquezas, sus filias y su búsqueda de la felicidad. El género de la columna, tan ibérico, ha estado siempre a medio camino entre el análisis riguroso del experto y la divagación más o menos pinturera. David Gistau -fallecido en el mes de febrero de este año- fue uno de los últimos grandes intérpretes de la columna, pero él no la quería lejos del periodismo, sino fiel a la actualidad. Según comentaba, había que evitar el sentarse ante la página en blanco “a ver cómo cito hoy a Schopenhauer”.

España es un lugar propicio para caer en la tentación: el columnista conoce la querencia del país por los temas superficiales y las cuestiones que se resuelven “quedando como Dios”. De ahí que, en plena expansión mundial de un virus misterioso y escurridizo, mientras los contribuyentes se preparan para un futuro de colapso económico, broten temas como los de Juan Carlos de Borbón, anterior jefe del Estado y, hoy, español por el mundo. El escritor de columnas ve asomar el asunto Corinna -la “amiga del rey”- y se activa como un braco al rastro de una perdiz. 

Y es que el espacio es limitado y la columna debe servir para transmitir breves impresiones. ¿Qué decir, a estas alturas, sobre la situación en España? Pues que la monarquía está en un brete; que este “símbolo de unidad y permanencia” decepciona en el peor momento. Y que los otros problemas son los verdaderos problemas: la desordenada vuelta al colegio, como ejemplo de la efectiva destrucción de todos los asideros públicos y privados que hacen nuestra vida soportable.

* Artículo publicado el 19 de Agosto de 2020 en El Diario Montañés

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