miércoles, diciembre 10, 2014

Poderes





Hace aproximadamente un mes, me alojé en un siniestro hostal de Madrid. No entraré en detalles, pero, entre sus espeluznantes amenazas, destacaba la maldición de no poder sintonizar más que Teledeporte y el Canal 24 horas en el televisor. Para hacer sueño, opté, desolado, por el segundo. Ponían ‘La noche en 24 horas’, un aburrido programa, en el que individuos como Alfonso Rojo, Carmen Morodo, Graciano Palomo o Esther Jaén campan a sus anchas, ‘analizando’ la actualidad sin entrar en profundidades, como buenos tertulianos todoterreno. El presentador, Sergio Martín, es un muchacho menudo, con gafas y con un corte de pelo modernete, que le despoja de un aspecto gris de contable y lo sumerge en la parrilla coloreada y cosmopolita que nos ha tocado en suerte. El programa no aporta nada y, en realidad, no pinta nada. Dudo que alguien lo vea, pero de todo hay en la viña del Eterno. Sucede, sin embargo, que la gente lo ha conocido, a causa de una entrevista que allí le hicieron a Pablo Iglesias. Yo no la he visto. Únicamente, he sabido de la pregunta sobre la “enhorabuena” por la excarcelación de presos de ETA. De todas las razones para eliminar ‘La noche en 24 horas’, la menos defendible me parece la que esgrimen los ofendidos por la actitud del presentador hacia el líder de Podemos. Motivos de calidad y enfoque periodístico hay de sobra. Echar mano de preguntas que no nos gustan o que nos parecen impertinentes es peligroso. Esa nueva censura, supuestamente ciudadana y rebelde, tan perversa y totalitaria, al menos, como la que se achaca, justamente, al poder. A todo poder, por cierto.   

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