viernes, octubre 10, 2014

La posibilidad de Teresa





La crisis española del ébola no ha podido llegar en peor momento. Su estallido profundiza en la brecha política del país, pudre aún más la confianza en sus instituciones. Inmerso en la crispación, el cariacontecido espectador patrio encuentra, sin embargo, elementos de provecho. La auxiliar de enfermería Teresa Romero, contagiada con el virus, lucha por su vida en el Hospital Carlos III de Madrid. Y su tragedia proporciona nuevos modelos de identificación. Teresa es una trabajadora que vivía con su marido y tenía un perro, al que llamó Excalibur. La mujer se fotografiaba en el salón de su casa, descalza, con la cabeza del can posada sobre sus piernas. Su perfil no es el de la joven con talento musical o literario ni el de la actriz de moda. Su rostro no es el de una científica que recibe el Nobel. Lo fundamental y luminoso es comprender que tú eres Teresa. Que toda esa confianza que te permite, por ejemplo, subirte a un avión, abrir una lata de conservas o caminar por la calle -en la seguridad de que velan por tu supervivencia-, desaparece al ver su rostro repetido en todos los canales. La enferma es la posibilidad del nuevo siglo, una vez extintas las promesas del espectáculo. Teresa, intubada mientras su organismo trata de rechazar la amenaza, y un político que mancha su nombre, que podría ser el tuyo. Nada te separa de Teresa, español. Sólo un virus, la mala suerte. 

No te engañes. Su administración, la de sus agresores, es la forma que tienen de mirarte. La gestión es el barro que moldean, y tú, el modelo al natural. Lo hacen miserable porque te ven miserable. Esto no va de un virus o de un protocolo. Ni de un perro al que dan matarile. Eso es solo el atrezo, la localización. Lo importante es que ellos creen que no te lo mereces; que eres una simple molestia en el calendario de su drama electoral. Su jerarquía carece de grandeza. No puede haber peor diagnóstico.

Y, por eso, el único modo que tienes de penetrar en la actualidad es fracasando, muriéndote. Serás una comisión de investigación, una pregunta parlamentaria. Una madre que llora a su hija desde la distancia. La enésima expresión política, vital, de su desprecio.

La historia de Teresa Romero nos habla, en definitiva, de una mujer asustada, que iba a la peluquería, que bajaba a pasear a su perro y evitaba dormir con su marido porque se temía lo peor. De una posibilidad de destrucción, que genera molestias en el poder. De un plan de cartón piedra o de un guante que toca una cara. Y de que tú estás ahí para verlo. Quizás, para intercambiarte por ella, dado el caso.

No hay comentarios: