Ardes con voz de judío desterrado,
ahí en tu creación, en tu crecimiento
y en esa fatiga que enarbolas
y me enseñas sin intención y sin caricia.
Salvas el tiempo entre la carne
que pruebas y no retas
a nadie, ni crees en la virtud ni necesitas un dios.
Siembras el gusto por la calle estrecha
que te conduce y te arruga.
Saltas en feliz concentración.
- Todos eso círculos que dibujas en los márgenes del folio. Esa terrible estampa de niña prodigio, ¿no ves que es muy tarde? Es ridícula la forma que tienes de sorprenderme con tus toques en la espalda, la sonrisa que me chantajea, que me hace odiar el Congo, la aventura asiática. Puedes reclamar más atención, que me guste tu caminar descalzo, tu verano sin fumar. Y lo haré. Seguramente sea ése el principio de la buena vida.
No quiero cansarme demasiado entre todos esos muertos franceses. Recuperar el tiempo, la ilusión. Vamos a tener que apretar los dientes… Y tú y tus planes. No sabes cuánto te echo de menos.*
* No es nada personal.
- Los caballeros y las damas del “Buen vivir”. Sabéis a quiénes me refiero. No encuentran las palabras y repiten las mismas como pequeños mantras. ¿Elegantes?... Rotundamente, no.
Me sale de dentro esta agonía de cifras y de gigantes amañados.
Los asesinatos o la crueldad de los espartanos. Comerse a los niños… Van a decir que es de mal compañero, de mal cristiano, aporrear puertas con los puños.
- Toda la marea de sombras, a vararse entre la tierra y el cielo, indiferentes al dolor que provocan, al momento exacto de la imagen que se cruza perfecta entre dos carnes. Ahí la una, en repetida labor, sin apenas margen para la voz, los dientes blanquísimos; la otra, muy de cuando en cuando, sin sonreír, acaso aguantándose los huesos, protegiéndolos para el siguiente baile. Un baile, una vez en aquella sala, rodeada de ingratos colegas, pero muy seria, como ahora, simplemente. Sin moverse, sin mirar a un lado u otro. Temprana quizás o muy tarde. La vida es un capítulo doble, de dos temporadas distintas. Aparecemos muy jóvenes o muy viejos, sin cambiar de canal. La delicadeza del trato, esos modales de buena chica, educada en una casa de merienda caliente…Imposible la ebriedad entre tus manos. Ningún Gainsbourg te sonrojaría fumando o soltando obscenidades. La piedad es una respuesta conveniente.
Mientras la bella esfinge sirva de consuelo, no hay camino posible a la alabanza o al ateísmo puro y duro. Sabéis a qué me refiero. Mientras se aleja por la calle bajo el granizo cruel del norte, me retiro a pensar.
He dejado una bomba sobre tu almohada.
- No puede ser que en mil años no hayan aprendido a vivir. Es inaudito. Nosotros, que hemos viajado tantas galaxias, no podemos compartir su destino. Mira que nuestras formas se atrofian con el sol, hemos de pelear rápido, anunciarlo todo pero, ¿a quién? ¡Tantas diferencias entre ellos!. ¿A quién dirigirnos? Escuchan nuestros cuchicheos pero no se sorprenden. No se alejan. Esto no estaba previsto. Desde nuestro nacimiento ha sido una obligación, nunca un interés o un gusto… Que se acerquen. Deben hacerlo. Que no se engañen por este sol de mañana, por este calor que alimenta el pecho. Pronto, muy pronto.
- Mientras hablaba por teléfono entre la marea de hombres y mujeres, mientras el autobús cerraba sus puertas y se alejaba en cotidiana labor y serena, yo me quedé pensando en la profunda soledad del Atlántico como si nunca hubiera pensado en nada. Ahí, en un breve espacio funcional, apenas amable con anuncios de perfumes (¿o era una marca de moda?), detuve mi tiempo en reflexión acompañada por Family desde mi Mp3. (me dicen que la jubilación del discman me hace vulgar y que ahora padezco de la misma atrofia tecnológica…mi discman, qué pena…él tan antiguo y tan fiel hasta el final).
Pero decía de la muchacha del autobús. Un autobús que me servía como cualquier otro pero que no me decidí a tomar. Demasiada gente, poco espacio. Y ahí se quedó ella colgada del móvil. Rápidamente supuse que hablaba con su novio. Pero puede que fuera con su madre o con un tío de Murcia. El caso es que me puse a pensar en el océano y en esa nada que le ocurre cada día, ahí donde no hay gaviotas o barcos que lo profanen.
Aunque el programa me parece cutre, las imágenes del de Galapagar toreando a cámara lenta, para mayor gloria del paladar, son indispensables para irle tomando ganas al año taurino. El año de su regreso.
Now to awake husked of gestures and my joy like a cave
To the anguish and carrion, to the infant forever unfree,
O my lost love bounced from a good home;
The grain that hurries this way from the rim of the grave
Has a voice and a house, and there and here you must couch
and cry.
Dylan Thomas (fragmento del poema: "If my head hurt a hair´s foot")
- Siempre tienes que estropearlo todo… No quiero ser Ulises Lima, no quiero aparecer de improviso, sin cambios en la cara, defendiendo lo mismo de siempre, atravesar el mundo, ciudades, quedarme en los sofás de mis amigos integrados en el sistema. No quiero encontrar miradas de reproche, lastimeras muestras de una amistad agotada. No quiero que me sirvan una taza de café o que me den dos mantas por la noche, y que piensen: “Está igual que siempre, no nos afecta, nos divierte su espíritu aventurero”. Y, sobre todo, no hablar de arte, de libros, de películas, cuando a ellos ya se les ha pasado la fiebre y sólo viven un presente de carne y de balances. No voy a ser el tío de los niños, el que les cuenta historias disparatadas. Voy a cumplir con una obligación profesional.