lunes, octubre 30, 2006
Al Tercer Día
- En ocasiones la labor creativa nos la creemos única, personal, exclusiva hasta la inmodestia. Son casos en los que nuestra concepción del mundo y los sentimientos que nos produce el cotidiano acontecimiento de vivir aportan a la materia un halo de buena voluntad, de atención y de profundidad individual que es, al final, de lo que se trata en literatura. Lo malo es que los minutos que hemos vivido rara vez ofrecen reflexiones novedosas, radicales aportaciones a la humanidad, visiones necesarias para el pueblo. Entonces sucede la admiración y también algo de rencor a la mente privilegiada que nos roba en el pasado nuestras certezas presentes. Algo así me ha ocurrido recientemente con la lectura de “La muerte de Ivan Illich” de León Tolstói. Hay en el escritor ruso toda una obsesión sobre el paso del tiempo, el cumplimiento del deber, la aceptación de la transitoriedad individual, que, de alguna manera, condensan toda la preocupación visceral del hombre moderno. En apenas 150 páginas el hombre que somos, con toda su indecisión, con todo el horror que su orfandad de Dios le produce, se vuelve aún más vulnerable al asistir a su propia destrucción sin un final esperanzador que ilumine la fe que late aunque muy lejos. Lo bueno de Tolstói, lo genuino y, a la vez, familiar en cualquier lector preocupado, es su propio espíritu contradictorio: conde y zapatero, cristiano y descreído, hombre moral y al mismo tiempo cobarde y acomodado, asceta y jugador. Y ahí, en ese universo vital del ruso, podemos sentirnos a salvo en el pecado que tarde a tarde, mañana a mañana alimentamos con desidia e incluso con insurgente rabia. La vida nos ata, que diría Gil de Biedma, pero ¿sus frutos son también parte del mapa oculto que nos guía en esta existencia tan aparentemente hueca?, ¿O sólo la virtud y el mal hacen huella en nosotros?
viernes, octubre 13, 2006
Ceremonia
- La última noche no salgo y me quedo a solas con la biblioteca. Es difícil hacerse una idea del gran silencio de mil voces que nos acoge y nos ata en el papel. Tantas apuestas comerciales, tanta idea vuelta en nada, sin influencia ni lectura. Ahí, los libros de Grosso, de Reich, de Lukacs. El freudomarxismo, no me digas tú... Papelera más que éxito o que esperanza. La magia de los libros la podemos dividir en dos grupos: 1) Los que lee mucha gente y uno disfruta leyendo a coro (Harry Potter), y 2) Los que ya no lee nadie o de los que nadie habla por olvido o por desidia. Uno se les acerca como tratando de escudriñar en exclusiva su misterio, buscando la complicidad, la ternura marchita de ese libro que ya no es sino en breves instantes y para unos pocos. Hablo de Alberto Moravia y su “Viaje a Roma” y de Calvino en la vieja edición de 1972 de “Las ciudades invisibles”. Anoche me quedo con esta magia dialogada de Marco Polo y el Kublai Kan en la que el italiano ofrece al monarca una visión de diferentes ciudades con nombre de mujer. Lectura amable, críptica a veces, poética y siempre talentosa…y única. ¿Somos lo lectores, cuando la moda y el tiempo han pasado, ratones que arrancan las palabras de hojas huérfanas?, ¿Acaso no se dijo siempre que la literatura era, fundamentalmente, resistir a la muerte, al tiempo? El olvido pesa tanto en las manos de la juventud que resucitamos lo que mata o lo que oculta. Y nos hacemos intérpretes de lo que faltan. Los pequeños libros que no marcan época.
sábado, septiembre 30, 2006
Samaria

“¿Qué me importa la multitud de vuestros sacrificios?. Estoy harto de holocaustos de carneros y de grasas de becerros; la sangre de novillos, de corderos y de machos cabríos me hastía... Me causa horror su incienso... Lavaos y purificaos, alejad vuestras malas acciones de mis ojos; dejad de hacer el mal, Aprended a hacer el bien, buscad lo que es justo, socorred al oprimido, haced justicia al huérfano, defended a la viuda” (Is.- I:11, 13, 16-17).
miércoles, septiembre 20, 2006
De Thomas Merton

Dios, Señor Mío, no tengo idea de adónde voy. No veo el camino ante mí. No puedo saber con certeza dónde terminará. Tampoco me conozco realmente, y el hecho de pensar que estoy siguiendo tu voluntad no significa que en realidad lo esté haciendo. Creo que el deseo de agradarte, de hecho te agrada. Y espero tener ese deseo en todo lo que hago. Espero que nunca haré algo apartado de ese deseo. Y sé que si hago esto me llevarás por el camino correcto, aunque yo no sepa nada al respecto. Por lo tanto, confiaré en ti aunque parezca estar perdido a la sombra de la muerte. No tendré temor porque estás siempre conmigo, y nunca dejarás que enfrente solo mis peligros.
lunes, septiembre 11, 2006
11S

- Cinco años sin pretender justificar la melancolía, la nausea que han dejado. Miro el calendario y el vértigo se acentúa. Yo soy más viejo y mi espacio empequeñece. No lo dudemos: fue el fin de la posmodernidad. Se acabó el jugar con las palabras, el grunge, la metafísica de las costumbres. Creímos haber acabado con los bajos fondos del hombre, con la crueldad, con un odio parejo al crimen. Pero fue el vano. El mundo se mostró con nueva fiereza. Y somos menos. Concretamente miles.
sábado, agosto 19, 2006
Desde La Torá

- A Maimónides (Rabí Moshé ben Maymon), le debemos su resumen de la fe judía* en trece artículos:
1) Dios es creador y providencia del mundo.
2) Dios es uno y único.
3) Dios es espíritu y no puede ser representado bajo ninguna forma.
4) Dios es eterno.
5) Sólo a Dios debemos dirigir nuestros rezos.
6) Todas las palabras de los profetas de Israel son verdaderas.
7) Moisés fue el mayor de todos los profetas.
8) La Ley, tal como los judíos la poseen, fue dada por Dios a Moisés.
9) Ningún hombre tiene derecho a reemplazarla ni a modificarla.
10) Dios conoce todas las acciones y todos los pensamientos de los hombres.
11) Dios recompensa a quienes cumplen sus mandamientos y castiga a quienes los transgreden.
12) Dios enviará al Mesías anunciado por los profetas.
13) Dios hará que los muertos vuelvan otra vez a la vida.
* Alejandra Cukar e Igor Zabaleta: Judaísmo: El Culto de las Doce tribus.
Editorial Edimat.
viernes, agosto 11, 2006
Un Cierto Dominio

- Cuando los domingos parecían aún domingos. El cielo cubierto, la mañana húmeda del norte y las narices taponadas por la alergia. Cuánto de verdad en esa experiencia solitaria, melancólica de estar bien (no digo a gusto) en tu entorno, seguro de que la vida debe desarrollarse de esta manera y no de otra. Quizás emitan “Juegos sin fronteras”. ¿Recordáis? Y la merienda podamos mojarla con naranjada. Sofía estará en su terrible Noruega natal, analizando los insectos del jardín, limpia, como solo las nórdicas pueden serlo. Y todo así, que hasta esperamos con ganas un fin de semana, para no salir, sólo disfrutarlo con alimentos antiguos (llámese Foigras, Fanta, Nesquik) y ropas de niños. Luego, quizás el tiempo mejore y vayamos a pasear cerca de la playa. Tú con tu toalla o la sombrilla. Yo prefiero el rastrillo y el cubo. Ser un niño bueno, al fin y al cabo y poder no pensar en nada demasiado a fondo…Pero quizás mejor así. Con esta silueta de plenitud a la espera. Sin aquellas mañanas de amor-en-familia. Pero más capaces, también, de no llorar por las noches.
miércoles, agosto 09, 2006
Esfinge

I
- ¿De qué otra orilla me acuerdo escuchando “Here With Me” de Dido?...¿Por qué tu adiós no produjo fantasmas? Y tu antídoto es genuino como para adorarte en ausencia, en fantasía. Una cámara lenta que sugiere interés, felicidad de juventud, calles conocidas como testigos de una vida plena. Los otros que sin urgencias se preocupan de nosotros porque no nos miramos a los ojos cuando nos decimos cosas, ni mostramos excesiva piedad a los necesitados. Porque tú fuiste la primera en marchar y ahora que me quedo solo bajo la protección de algún demonio bueno, miro hacia atrás y descubro que fue verdad lo que duraste, que no fue invención ni lunática respuesta hacia el tiempo que habían prometido. Que nos habían prometido.
II
- Me gustaban los sombreros que solías llevar en aquellos días de 1979. Ahora cuando veo Manhattan, y Diane Keaton dice todas esas cosas de Bergman o Allen trata de cubrirse de la tormenta frente al observatorio, trato de buscarte entre la gente, porque tú ya eras entonces. Ya escapabas de la vulgaridad con todas las ganas de “no perder el tiempo”. Y hacías como que me pegabas cómicamente en el hombro o jugabas con mi pelo. O te escondías en el apartamento para jugar, o leías a Kundera. Pero digo de los sombreros porque tenías muchos y muy diferentes. Y no te gustaba repetirte en eso. De vez en cuando tratas de volver a verme y yo te rehuyo, me alejo de ti para no ver algo más que juventud, para evitar, al menos, las arrugas, los malos modos de un juego no tan brillante. Como será el tuyo ahora, que los años son más pesados y no te quedan sombreros.
III
- Sé que no quedan más años. Mis hijos han tratado, en vano, de visitarme. Prefiero quedarme con mis pájaros. No quiero molestias, ni representaciones. No los quiero. Ni a la nena, ni al mayor. Yo me quedo tan a gusto con mis libros también, que no abandonan a un viejo, aún medio ciego, que los mima y los acaricia como antaño. No me quedan años, apenas meses. Sigo esperando, sin sentido, el regreso, la aparición, el milagro que me la devuelva. Él sabe que vive lejos y por eso cuando le pregunto: “¿Ha llegado?”, me contesta: “Mañana, Señor”. Y yo me lo creo. Y duermo feliz, con su recuerdo todavía joven entre las sábanas.
lunes, agosto 07, 2006
La Humedad Del Mundo
"Las cárceles se arrastran por la humedad del mundo,van por la tenebrosa vía de los juzgados:buscan a un hombre, buscan a un pueblo, lo persiguen,lo absorben, se lo tragan". Miguel Hernández.
- Aún cuando los demás tratan de sacar provecho de nuestras situaciones (para bien o para mal), el resultado es netamente individual. Así, por ejemplo, la Primera Comunión, que no deja de ser una celebración familiar sin más historia pero que es el niño o la niña quien “sufre” o “recibe” las consecuencias. Cada vez que interpretamos el papel de feliz comunidad (ya sea simplemente vecinal o de parentesco, incluso política) no hacemos sino perpetuar la condición de parásitos de un individuo. Éste, principal protagonista de su historia, cede parte de su actividad en favorecer la dicha de un grupo de personas. La intervención del “grupo” como cuerpo aglutinador de diferentes ceremonias es la que da sentido a muchas de ellas. De lo contrario, el aburrimiento sería inaguantable, por otra parte.
Pero diciendo esto como introducción; o sea, el espíritu de verbena que dejamos ver en nuestro quehacer cotidiano (bodas, bautizos, cumpleaños, funerales, etc), y que hasta es gracioso y muchas veces agradecido (¿quién no se ha aburrido en una boda?), no podemos dejar de atender al otro rasgo social que nos define y nos condena también al morbo y a lo desagradable: nuestra vida tiene un episodio imposible de pasar sin la intervención de los “otros”: La muerte. Un funeral no deja de ser, en teoría, un homenaje, un recordatorio en el que deja ver toda una vida de amistades y negocios sociales. Incluso en EEUU, los actos fúnebres no terminan en la inhumación sino que se alargan hasta el hogar de fallecido donde se dan rienda suelta a las narraciones de anécdotas y experiencias compartidas, ante una bandeja de canapés o una botella de Ron. Por lo tanto pensar en la incipiente descomposición del cadáver y en la “fiesta” que al mismo tiempo tiene lugar en el hogar del fallecido provoca, cuanto menos, un escalofrío.
Pero no era éste el propósito de mi texto. Yo quería hablar del utilitarismo que en nuestra sociedad, como en otras (casi en todas) es característico. Nuestra vida cotidiana, los episodios fundamentales que nos hacen sufrir o disfrutar están a merced del gran ojo del coro social, que muchas veces es de agradecer, pero otras toca los cojones.
Espero no ser tratado de demagogo si, enlazando con esto, hablo del edificio capital en cuanto a intervención social se refiere: la cárcel. La cárcel personifica como ninguna otra cosa la hipócrita búsqueda de control del individuo y de prevención general de la masa ciudadana. Así, pretender encerrar a un tipo durante 40 años para que pague un asesinato, por ejemplo, no es sino contabilizar, calcular una pena “a ojo” sin atender a la verdadera tragedia de los familiares de las víctimas. Me explico. Si un asesino paga con la privación de libertad en un edificio oficial, esto no es justicia sino un remedio barato, políticamente correcto que no busca sino provocar el sufrimiento en el condenado como “ejemplo” para otros delincuentes potenciales. ¿En qué beneficia a un preso perder la libertad de movimientos, la independencia? En nada. Todo forma parte de lo que nos han enseñado: que nuestros actos, al tener relevancia social, están a merced de los otros; que nuestra vida, en definitiva, no nos pertenece, sino que, puestos en lo peor, somos poco más que carne para ser usados, para que se especule con nuestra vida. No tiene sentido, desde un punto de vista teórico (desde el mío, al menos) un sistema de justicia general que busque la eliminación positiva del individuo en su esencia.
(Apunte: El único deber que tiene el preso es tratar de escapar. Lo más pronto posible, sin demora y sin daños).
- Aún cuando los demás tratan de sacar provecho de nuestras situaciones (para bien o para mal), el resultado es netamente individual. Así, por ejemplo, la Primera Comunión, que no deja de ser una celebración familiar sin más historia pero que es el niño o la niña quien “sufre” o “recibe” las consecuencias. Cada vez que interpretamos el papel de feliz comunidad (ya sea simplemente vecinal o de parentesco, incluso política) no hacemos sino perpetuar la condición de parásitos de un individuo. Éste, principal protagonista de su historia, cede parte de su actividad en favorecer la dicha de un grupo de personas. La intervención del “grupo” como cuerpo aglutinador de diferentes ceremonias es la que da sentido a muchas de ellas. De lo contrario, el aburrimiento sería inaguantable, por otra parte.
Pero diciendo esto como introducción; o sea, el espíritu de verbena que dejamos ver en nuestro quehacer cotidiano (bodas, bautizos, cumpleaños, funerales, etc), y que hasta es gracioso y muchas veces agradecido (¿quién no se ha aburrido en una boda?), no podemos dejar de atender al otro rasgo social que nos define y nos condena también al morbo y a lo desagradable: nuestra vida tiene un episodio imposible de pasar sin la intervención de los “otros”: La muerte. Un funeral no deja de ser, en teoría, un homenaje, un recordatorio en el que deja ver toda una vida de amistades y negocios sociales. Incluso en EEUU, los actos fúnebres no terminan en la inhumación sino que se alargan hasta el hogar de fallecido donde se dan rienda suelta a las narraciones de anécdotas y experiencias compartidas, ante una bandeja de canapés o una botella de Ron. Por lo tanto pensar en la incipiente descomposición del cadáver y en la “fiesta” que al mismo tiempo tiene lugar en el hogar del fallecido provoca, cuanto menos, un escalofrío.
Pero no era éste el propósito de mi texto. Yo quería hablar del utilitarismo que en nuestra sociedad, como en otras (casi en todas) es característico. Nuestra vida cotidiana, los episodios fundamentales que nos hacen sufrir o disfrutar están a merced del gran ojo del coro social, que muchas veces es de agradecer, pero otras toca los cojones.
Espero no ser tratado de demagogo si, enlazando con esto, hablo del edificio capital en cuanto a intervención social se refiere: la cárcel. La cárcel personifica como ninguna otra cosa la hipócrita búsqueda de control del individuo y de prevención general de la masa ciudadana. Así, pretender encerrar a un tipo durante 40 años para que pague un asesinato, por ejemplo, no es sino contabilizar, calcular una pena “a ojo” sin atender a la verdadera tragedia de los familiares de las víctimas. Me explico. Si un asesino paga con la privación de libertad en un edificio oficial, esto no es justicia sino un remedio barato, políticamente correcto que no busca sino provocar el sufrimiento en el condenado como “ejemplo” para otros delincuentes potenciales. ¿En qué beneficia a un preso perder la libertad de movimientos, la independencia? En nada. Todo forma parte de lo que nos han enseñado: que nuestros actos, al tener relevancia social, están a merced de los otros; que nuestra vida, en definitiva, no nos pertenece, sino que, puestos en lo peor, somos poco más que carne para ser usados, para que se especule con nuestra vida. No tiene sentido, desde un punto de vista teórico (desde el mío, al menos) un sistema de justicia general que busque la eliminación positiva del individuo en su esencia.
(Apunte: El único deber que tiene el preso es tratar de escapar. Lo más pronto posible, sin demora y sin daños).
domingo, agosto 06, 2006
Mis Cosas

- Puede que no todo empezara con un día torcido. Y hasta puede, que la virtud estuviera a un lado desde el principio, desde el orden que yo daba a mis cosas. Nada que decir de mis contemporáneos que solían aplicarse en la decoración, incluso en la luz que buscaban para su espacio. Yo siempre me distinguí por una cierta anarquía, no suciedad pero sí abandono (buscado o no), con el que recibir a las visitas. Por no hablar de las chicas con esas habitaciones perfumadas, esa pulcritud en las formas y en el fondo que te hacían desear quedarte para siempre. No había interés desmedido, sólo buen gusto…Puede (y digo puede porque no conozco con seguridad el origen de todo) que ese fuera el principio de la desidia, del “dejarse llevar” que nombró a mi vida en la Gran Ciudad. No creo en las grandes tragedias, sólo en las que uno es capaz de imaginar para sí mismo. Y era esa la coartada perfecta para la hecatombe personal, el fin de todas las esperanzas de triunfo. ¿Puedo decir, sin temor a exagerar, que fue una C-R-I-S-I-S? No hay por qué ocultar la realidad. Y el sufrimiento aún menos.
Era esa mesa. Esa mesa y esa silla. Esa mesa, esa silla y el orden de los Cds y los libros. La luz irreal de la ventana. El tacto hostil de las cosas que no pueden tener vida para otros porque manchan las manos y las promesas de vida, que es lo que hace falta siendo joven.
El polvo viejo, cubriendo las sábanas y los flexos, provocando la alergia a la juventud ahí escondida. Escondida de los otros. Escondida para los otros también, que jugaban a ser libres a cada rato, con la recompensa de equilibrio al final.
Todo ha quedado atrás como un valle de reyes, con una felicidad a regañadientes. Con un recuerdo agridulce de una época que pudo ser la mejor de mi vida y ha empañado los restos del naufragio con un polvo que no se quita.
viernes, agosto 04, 2006
Licenciatura En Derecho
- No hay posibilidad de reciclaje. Se pasa a menudo por el embudo de la responsabilidad, de lo que se espera de uno para formarlo, para atarlo más adecuadamente a una realidad que no va a ser felicidad sino trabajo. Y ese trabajo es más duro de lo que parece en el “bad side of the road”…Si la meta no es la buscada, aún se puede aceptar con honores, sin rectificaciones ni malas caras. Pero, la actividad es la madre de todas las batallas. Es la posición que debemos ganar cada día. Porque sólo de ahí vendrá la experiencia. Y un futbolista se hace marcando goles, y un tenista se hace ganando partidos. Uno tras otro. Lo contrario, el perpetuo avance a hurtadillas, sin la seguridad que da lo bien hecho y lo dispuesto en el modo correcto, es lo que nos hace presos del tiempo que se escapa. Y no puede volver porque nunca ha sido nuestro. Nunca lo hemos modelado. Como hubiésemos querido, al menos
jueves, agosto 03, 2006
Orla
- Si es que al final todo depende de muy poquitas cosas. Uno se avergüenza y trata de poner remedio al asunto y, por ello, busca un sitio, o una idea novedosa, original. Nadie duda de pertenecer a la casta de los elegidos, sobre todo en estas latitudes del artisteo y de los “poetas profundos”. Todos tenemos nuestra fórmula especial de trabajo y remedio infalible que, al final, se queda en placebo agradable o, en el peor de los casos, ridícula farsa.
Para no estar solos, que de eso se trata, y poder hablar de lo que queramos: del amor, de poesía, de política, del fornicio. Para no estar solos, digo, y que nos contesten; que haya interlocución e intercambio. Y es la gran familia, acogedora o inmisericorde que nos acompaña en esta aventura blogera. Y espero que por muchos años. O, al menos, hasta que nosotros queramos. Basta la libertad siempre, no dar gratuitamente pastel al lector, tratarlo con respeto, sin temor a su voz, que aparece rauda en forma de comentario cada vez que quiere patearnos… o agradecernos.
Para no estar solos, que de eso se trata, y poder hablar de lo que queramos: del amor, de poesía, de política, del fornicio. Para no estar solos, digo, y que nos contesten; que haya interlocución e intercambio. Y es la gran familia, acogedora o inmisericorde que nos acompaña en esta aventura blogera. Y espero que por muchos años. O, al menos, hasta que nosotros queramos. Basta la libertad siempre, no dar gratuitamente pastel al lector, tratarlo con respeto, sin temor a su voz, que aparece rauda en forma de comentario cada vez que quiere patearnos… o agradecernos.
domingo, julio 30, 2006
Filtro
- El problema está en no saber utilizar el lenguaje para incorporar matices válidos en las discusiones. Ocurre en la política, donde de un tiempo hasta parte se hace ideología más que necesaria labor gestora de los asuntos importantes, pero también nos pasa a nosotros en nuestra cotidianidad, en el día a día superviviente y mágico de los trabajadores o estudiantes. Nada peor que enamorarse o conocer a alguien interesante o medianamente satisfactorio a nuestros ojos para que, rápidamente, supuremos tópicos, nos introduzcamos en la obligada ceremonia de saludo, de los verbos vertebradores no sólo de la comunicación, sino del ocultamiento y el secreto que guardamos sólo para nosotros. Esto es la jungla y la lengua nos sirve de colmillo para defender o atacar según el caso. Cuando la población veinteañera de este país insiste en mostrarse acorde al cinismo de los tiempos, a la pretendida especulación que cierra puertas y abre competencia, aburrida muestra empresarial de la vida normal de hombres y mujeres, se percibe sin duda la caída de la moral, de la educación y los buenos sentimientos. ¿Qué sociedad nos lleva sin remedio a necesitar de los otros sólo como surtidores o posibles adversarios naturales?, ¿qué depuración de los valores, que ahora nos fatigan desde niños con sólo pensar en nosotros mismos? Porque el tiempo, al final, es más cruel, más implacable porque usa del silencio como arma; y de la paciencia. Y nos encontramos con ochenta años, quizás impedidos, solos y sin el amor y la amistad, únicamente con la compañía de colegas, compañeros de viaje que obtuvimos en buena compra. ¿Y a quién agarrar de la mano en el trance de la muerte? ¿A un socio, a una socia? Porque nadie vendrá después para besarnos la frente. Todo lo que el lenguaje nos brinda es simpleza, no poder hablar de lo importante porque no hay palabras, expresiones que vayan más allá de lo frívolo del trato, apenas amable y duradero. De esta forma se alzan victoriosos los malentendidos, la paranoia: por-no-hablar-las-cosas…Sólo pensar en Kobayashi Issa cuando dice:
Le sobrevive,
le sobrevive a todo
la frialdad.
Le sobrevive,
le sobrevive a todo
la frialdad.
viernes, julio 28, 2006
Espantá
- La vida no da sorpresas excesivas y todo va, con naturalidad, según lo previsto. A menudo en las diversas actividades que realizamos tratamos de dotar a cada movimiento, a cada disciplina de las mayores excentricidades posibles con el objetivo de hacerlas nuestras, de no dejar demasiado lugar a la improvisación. Pasa con todo pero sobre todo con lo que llamamos “tradición”. Un ejemplo: cuando en la Fiesta de los toros un matador realiza un buen pase, la respuesta del público es la onomatopéyica expresión de júbilo: “ole”….Ole. Además todo el mundo la dice, desde Jerez a Bilbao, desde Barcelona (aunque les pese) a Medellín. Lo mismo pasa con la decepción: estar acostumbrados a los insultos más variopintos en los campos de fútbol, en la televisión, incluso en la calle no nos prepara para enfrentarnos a la castiza realidad de los cosos taurinos. Ayer, sin ir más lejos, asistí a una bronca espectacular contra un torero. Con sus almohadillas y todo. Mientras la plaza era un hervidero de silbidos y chillidos, gritos de “inútil”, “sinvergüenza”, “caradura”, “ladrón”, se imponían al caos gutural. ¿Se dan cuenta? ¿Dónde, en 2006, pueden escucharse adjetivos de esa envergadura, si no es en una plaza de toros? ¡Con la libertad de la que disponemos en esta sociedad donde ni siquiera blasfemar es delito! Por eso lo males son menos. Sólo nos importa encajar en cada una de las esferas a las que asistimos con la certeza de conocer bien sus pautas de comportamiento. Porque fácil es decir “hijo de puta”, pero ¿dónde el glamour? Que es, para muchos, de lo que se trata.
jueves, julio 27, 2006
Mueca Histórica
- Bien, tomemos el ejemplo de John McEnroe y su semifinal de Wimbledon de 1983 contra Ivan Lendl . Revisando el video (disponible en YouTube) nos damos cuenta del universo real en el que se desarrolla el encuentro. Todo funcionaba como hoy funcionan los partidos de tenis: los mismos gestos de los jugadores, la misma ansiedad por la victoria y el mismo miedo a la derrota… Yo ya había nacido. Unos años más tarde (1988), en mi colegio tuvo lugar una fiesta a la que yo asistí y de la que guardo un recuerdo borroso. Entonces yo disponía de una personalidad definida por la magia de los Reyes Magos, la creencia en Dios y en, más o menos, mi inmortalidad. El mundo sólo tenía mi edad y desconocía el fruto del tiempo pasado y del futuro. Así no podía imaginarme que, por ejemplo, John Lennon o Jim Morrison llevaran la friolera de 8 y 17 años, respectivamente, muertos. Ni tampoco la soledad repetida o la maldad voluntaria. Yo saltaba con mi bata blanca por motivos extraños. Ahora, sin embargo, que cojo un vuelo, me tomo una cerveza o juego al parchís, el control de mi universo pierde fuelle. Sálvese quien pueda, sugiere mi generación a las posteriores. Donde los juegos fueron antes, que ya había tiempo pasado, ahora sufrimos lo mismo y disfrutamos lo mismo. Y los mismos. Porque ahora son otros niños los que hacen fiestas y no sufren, los que desconocen la magia del tenis o de la música. Y así debe ser mientras los niños sean alegres, inocentes e insensatos.
martes, julio 25, 2006
Obviedad Sobre El Amor Mientras Canta David Graye

- Gore Vidal, ciego y paralítico; solo desde la muerte de su pareja Howard Austen en 2003, y cabreado permanente con su gobierno, recuerda en una entrevista varios episodios de su vida en Ravello (Italia). Tras mucho escocernos su agria visión de la política y la sociedad norteamericanas, fulmina la conversación con esta frase dramática: "Cuando cito estas líneas, me obligo a volver a ese entonces, cuando Howard todavía vivía y nuestro mundo aún no había sido despedazado"…Recuerdo ahora la comodidad de Vidal en otro reportaje algo anterior, quizás de 1999: el dominio que ejercía sobre su vida y sus movimientos. Ahora está más viejo y más hundido, imposibilitado y sentimental (aunque él lo niegue). Quizás todo se limite a eso: escondernos del destino jugando al amor, al arte, a la política. Pretender engañarnos con valientes metas y nobles objetivos. No hay nada más que podamos hacer. Por eso la construcción que iniciemos debe ser buena ya que el morbo perderá su interés en nuestro ocaso. Pienso a menudo en esta frase de Vidal. Un proyecto de vida en común, abrazos, miradas, cenas románticas, lecturas, cine, hambre y sed de otros cuerpos. Pero sin recompensas de salud y de emociones. Thomas Merton, Kerouac, el mismo Vidal tuvieron su Nueva York, su California, su Italia. Su Dios y su Bourbon. Ahí que el tiempo se limita a un espacio un poco especial mientras nos damos una vuelta. Que nadie dramatice porque, al fin, ¿qué importa?, ¿a quién le importa lo que yo haga?, ¿a quién le importa lo que yo diga?...
lunes, julio 24, 2006
Lejos Del Fuego
- Cada vez que intento prestar una visión sensata y moderada a la política española, me pongo a pensar, de pronto, en lo afortunados que son Noam Chomsky, Gore Vidal o Michale Moore. Su vida y su obra, envueltas en ideología militante, resultan muy necesarias y constructivas en una época en la que Estados Unidos padece una enfermedad infantil y agresiva como pocas veces en su historia. Pero lo que envidio de esta gente no son sus trabajos y artículos (a menudo envidiables) sino su confortable colchón político; es decir, ellos se alinean en un grupo determinado y de ahí parten sus críticas y sus soluciones. Unas posiciones como las suyas permiten que se delimiten correctamente los bandos en la confrontación política. Ellos son los rebeldes y Washington la oficialidad del poder político.
En España no ocurre esto. La idiosincrasia de nuestro país se acerca mucho a lo que aventuraba Marcuse: la sociedad capitalista acaba por fagocitar todas las ideas contrarias a su funcionamiento cotidiano. En nuestro país, las ideas renovadoras, democráticas, emprendedoras suelen confundirse en los discursos de los políticos como una parte más de su cotidiana labor: todos estos valores acaban confundidos en la permanente intención profesional de permanencia en el poder. Y no dudan en asegurar que su gestión es la más transparente, la más cercana a la ciudadanía, mientras nada cambia. Hoy en el diario El Pais, el profesor Enrique Gil Calvo publica un excelente artículo titulado “Identidades”. En él se incide en la idea de que, en los nuevos tiempos, el trabajo político de pactos y debates se ha sustituido por la intención de deslegitimar y destruir las ideas del adversario. Todo esto mientras queda clara la supervivencia institucional que permite a los representantes públicos seguir sacando tajada de la actual situación sin necesidad de solucionar los problemas graves. Sólo ir tirando: "Pues es verdad que, en escena, nuestros políticos representan con mucha convicción su irreconciliable odio fratricida. Pero entre bastidores coinciden al alimón en repartirse sin problemas aparentes las sustanciosas plusvalías políticas emergentes de la especulación urbanística e inmobiliaria". Buen ojo el del sociólogo. La aventura en la que estamos sumidos desde la muerte de Franco sólo en apariencia lo es. Carecemos de una verdadera cultura democrática. Los partidos aparecen como filtros de las ideas de la sociedad, a las que cambian y con las que especulan en su favor. Las razones políticas parten de la alineación con diversos odios sociales de dudoso origen (nacionalismos, republicanismo, franquismo..) Y eso no puede ser. La fractura (y hasta frontera) que se ha levantado entre el poder político y la sociedad civil la vemos claramente cada día cuando hablan de Israel, del País Vasco, de Estados Unidos. Lo malo es que la creación de nuevos foros independientes, de nuevas formas de hacer política (incluso la creación de nuevos partidos) es imposible mientras la población continúe creyendo en la alianza “partidos-medios de comunicación”. Pero es urgente la reforma: la verdadera Transición.
En España no ocurre esto. La idiosincrasia de nuestro país se acerca mucho a lo que aventuraba Marcuse: la sociedad capitalista acaba por fagocitar todas las ideas contrarias a su funcionamiento cotidiano. En nuestro país, las ideas renovadoras, democráticas, emprendedoras suelen confundirse en los discursos de los políticos como una parte más de su cotidiana labor: todos estos valores acaban confundidos en la permanente intención profesional de permanencia en el poder. Y no dudan en asegurar que su gestión es la más transparente, la más cercana a la ciudadanía, mientras nada cambia. Hoy en el diario El Pais, el profesor Enrique Gil Calvo publica un excelente artículo titulado “Identidades”. En él se incide en la idea de que, en los nuevos tiempos, el trabajo político de pactos y debates se ha sustituido por la intención de deslegitimar y destruir las ideas del adversario. Todo esto mientras queda clara la supervivencia institucional que permite a los representantes públicos seguir sacando tajada de la actual situación sin necesidad de solucionar los problemas graves. Sólo ir tirando: "Pues es verdad que, en escena, nuestros políticos representan con mucha convicción su irreconciliable odio fratricida. Pero entre bastidores coinciden al alimón en repartirse sin problemas aparentes las sustanciosas plusvalías políticas emergentes de la especulación urbanística e inmobiliaria". Buen ojo el del sociólogo. La aventura en la que estamos sumidos desde la muerte de Franco sólo en apariencia lo es. Carecemos de una verdadera cultura democrática. Los partidos aparecen como filtros de las ideas de la sociedad, a las que cambian y con las que especulan en su favor. Las razones políticas parten de la alineación con diversos odios sociales de dudoso origen (nacionalismos, republicanismo, franquismo..) Y eso no puede ser. La fractura (y hasta frontera) que se ha levantado entre el poder político y la sociedad civil la vemos claramente cada día cuando hablan de Israel, del País Vasco, de Estados Unidos. Lo malo es que la creación de nuevos foros independientes, de nuevas formas de hacer política (incluso la creación de nuevos partidos) es imposible mientras la población continúe creyendo en la alianza “partidos-medios de comunicación”. Pero es urgente la reforma: la verdadera Transición.
domingo, julio 23, 2006
El Gran Bazar
- El relativismo propio del actual devenir político español clama al cielo. Los acontecimientos que podrían nutrir los debates y las propuestas, tan necesarias para ir construyendo la democracia, rara vez los palpamos desde la ciudadanía y se quedan estacionados en manos de la clase dirigente. La ausencia general de “estadistas” en el poder impide de facto cualquier avance de la sociedad desde la ciudadanía. Ejemplo evidente de esta actitud es la última polémica con lo que llamamos la “memoria histórica”. Algo tan evidente como la rehabilitación y reivindicación de los hombres y mujeres que lucharon por la libertad en este país, se ve truncada por una mezcla de discurso político del PP y su avanzadilla mediática. Ahora se vuelve imposible un análisis sereno y constructivo del asunto. Así también, las críticas al estatuto catalán del PP (y Ciudadanos de Cataluña) se han tomado como una muestra evidente de anticatalanismo sin que nadie se concentrara en la posibilidad de que los argumentos de aquéllos tuvieran algo de razón. Yo lo veo y no quiero creerlo. Sé que este texto puede tomarse como un ejercicio de “buenismo” intolerablemente equidistante. Pero no es mi intención. Quiero, sin embargo, mostrar la palpable realidad de que los políticos españoles, prácticamente en ninguna ocasión, abren debates, elaboran propuestas, toman iniciativas. Es lo más caro de la democracia y ellos optan por lo barato: el mantenimiento permanente del poder como última expresión. Nada más que eso. Podemos verlo en las votaciones del congreso: ni unos ni otros votan nunca en contra de su partido aún cuando la ley los ampara. El caso de Irak por el PP o del Estatut por el PSOE es tristemente paradigmático. No digo que tuvieran que hacerlo sino que extraña que ninguno lo haga.
La figura a reivindicar (con todos sus defectos y limitaciones) podría ser Adolfo Suárez. Un hombre que se la jugó de verdad: legalización del PCE, la autodisolución de las Cortes franquistas, la convocatoria de elecciones…todo ellos con la oposición del ejército y de los sectores de la izquierda que, a priori, se negaron a mostrarle un apoyo explícito. Su intento de reforma política da una muestra de lo que significa tomar decisiones e intentar crear un sistema cómodo para todos.
El asunto nacional de España es lo que interrumpe cualquier posible cohesión del país, interfiriendo gravemente en el avance unitario de la sociedad. No ha habido un único presidente tras Suárez que haya abordado ese asunto desde la coherencia y la responsabilidad que el cargo merece. El miedo, el terror que inspira la posibilidad de que un asunto de ese calibre dañe la figura política de un presidente y de un gobierno ha paralizado tradicionalmente una salida pactada al problema. Aznar, pese a sus logros antiterroristas, fue incapaz de solucionar este tema e incluso lo agudizó, remarcando la distancia entre los españoles. El asunto no necesita de extremismos ni de trileros (de esto último, Zapatero sabe un rato). Yo espero que más temprano que tarde aparezca en el televisor la figura de un estadista de verdad que acepte la existencia de un conflicto identitario grave en nuestro país y que muestre su voluntad de solucionarlo. Así además le arrebataría al nacionalismo su postura tradicionalmente victimista. Pero eso no es la negociación a escondidas, el regateo. Es la mayoría de edad. Lo más urgente. Primero la paz, desde luego, pero después, por favor, la política, el diálogo y la creatividad.
La figura a reivindicar (con todos sus defectos y limitaciones) podría ser Adolfo Suárez. Un hombre que se la jugó de verdad: legalización del PCE, la autodisolución de las Cortes franquistas, la convocatoria de elecciones…todo ellos con la oposición del ejército y de los sectores de la izquierda que, a priori, se negaron a mostrarle un apoyo explícito. Su intento de reforma política da una muestra de lo que significa tomar decisiones e intentar crear un sistema cómodo para todos.
El asunto nacional de España es lo que interrumpe cualquier posible cohesión del país, interfiriendo gravemente en el avance unitario de la sociedad. No ha habido un único presidente tras Suárez que haya abordado ese asunto desde la coherencia y la responsabilidad que el cargo merece. El miedo, el terror que inspira la posibilidad de que un asunto de ese calibre dañe la figura política de un presidente y de un gobierno ha paralizado tradicionalmente una salida pactada al problema. Aznar, pese a sus logros antiterroristas, fue incapaz de solucionar este tema e incluso lo agudizó, remarcando la distancia entre los españoles. El asunto no necesita de extremismos ni de trileros (de esto último, Zapatero sabe un rato). Yo espero que más temprano que tarde aparezca en el televisor la figura de un estadista de verdad que acepte la existencia de un conflicto identitario grave en nuestro país y que muestre su voluntad de solucionarlo. Así además le arrebataría al nacionalismo su postura tradicionalmente victimista. Pero eso no es la negociación a escondidas, el regateo. Es la mayoría de edad. Lo más urgente. Primero la paz, desde luego, pero después, por favor, la política, el diálogo y la creatividad.
sábado, julio 22, 2006
No Tuvimos Elección

- No acabo de ver la repetida fórmula: “la pena de muerte supone un trato inhumano al condenado” aplicada en la vida real. Cualquier crítica que se vierte sobre aquélla insiste en mostrar la aparente animalización del ejecutado. Como si eso fuera posible. Se trataría de alejar tanto a un sujeto de una vida plena y satisfactoria que éste, presionado y nervioso, se dejaría llevar hacia la tumba perdiéndose en el camino. No creo que sea ahí donde vale la pena ahondar. Yo creo, más bien, que la deshumanización, el alejamiento expreso de los hombres de cualquier moral y elemento digno viene produciéndose entre la comunidad y el grupo de hombres concreto que lleva a cabo una ejecución. A saber, la experiencia de ver a un hombre sufrir hasta expirar y no hacer nada para impedirlo. Fíjense bien que no hablo de accionar el botón de la silla eléctrica o de encontrar la vena apropiada que acoja la inyección letal. Me refiero al momento de la agonía, al acto de atar al condenado, de cubrir su rostro con una capucha negra. Ahí viene lo inhumano: nadie entre el público o entre los policías; ni siquiera el sacerdote habitual en esos casos o los familiares de las víctimas del crimen mueven un solo dedo para sacar al ejecutado de su “Gólgota”. Es la diferencia fundamental entre ser hombres y no serlo. El asesinato, la eliminación de la vida cabe en todas las expresiones animales de nuestro planeta. Así, un león africano que se hace con el poder de la manada tras vencer a un opositor, dará muerte a los cachorros de éste. Por no hablar de la Mantis Religiosa y otros insectos repugnantes. El hombre se diferencia de estos otros seres en su capacidad de sobreponerse a la muerte desde la solidaridad. No sería, ésta, otra cosa que la pura ayuda de unos hacia otros. Echar una mano al que está en dificultades. Al que se muere. Todo eso brilla por su ausencia en el espectáculo de una ejecución. El silencio obligado de los asistentes, la atmósfera de falso respeto, de repugnancia hacia lo que se va a ver, suple al instinto primero que obligaría a liberar de sus ataduras al moribundo y tratar de reanimarlo…No sé. Es difícil rodear una vida de andamiajes legales, religiosos, comunitarios para terminar con su existencia. Es monstruoso. Pero quizás este último calificativo no sea apropiado a la hora de hablar desde la “civilización”. Todos los que pagan con sus impuestos al verdugo, los que, desde la indiferencia, permiten que se establezca como normal y moralmente defendible la pena de muerte, los que miran hacia otro lado…Todos ellos son los cómplices de una victoria de lo más miserable que tenemos sobre lo más bello. Y es la pena de muerte, en efecto, y es la guerra, y es el hambre. Cada vez que se defiende un “daño colateral” que nos hace un poco más viejos. Y que nos deshumaniza. Porque permanecer sentado viendo cómo un hombre patalea hasta morir sin hacer nada, sin romper los cristales, sin arrancarle la capucha que le impide respirar es estar jodido. Muy jodido.
miércoles, julio 19, 2006
Calabobos
- Siento la necesidad de disfrazarme, de profundizar en el alter-ego. No hay pudor que esconder y escojo la lúgubre madrera de héroe que aún me promete y me llena de orgullo, frente a la inocencia del pelo corto y los modales caballerescos. Una tela que cortar y coser, un adecuado maquillaje (terrorífico y hostil) y a la calle a asustar ancianas. No temo las consecuencias de este cambio, la censura que deberé soportar de mis amistades. Trataré de ser un completo e independiente artista en la adecuada orilla del río. Tía Julia me encerrará en mi cuarto los viernes. “No saldrás, David”. ¿Y qué hago con el resto del pijama, entonces? La anodina ciudad ha de prepararse para mi llegada. Seguramente la banda sonora será I´m not down de The Clash y la iré tarareando en mis correrías por el barrio chino. Nadie se dará cuenta de mi nueva personalidad “Peter Parker”. Porque tía Julia se limita a sus rezos. Nunca me delataría…o sí…En fin, deberé vigilar a esa mujer.
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