martes, noviembre 28, 2006

Leonard Cohen - first we take manhattan

leonard cohen first we take manhattan

(I'd really like to live beside you, baby

I love your body and your spirit and your clothes

But you see that line there moving through the station?

I told you, I told you, told you, I was one of those....)

lunes, noviembre 27, 2006

Hay Silencio


- “¿Qué os parece, monjes, las formas materiales son permanentes o impermanentes? –Impermanentes, señor-. Y lo que es impermanente, ¿entraña placer o sufrimiento? –Sufrimiento, señor-. Y de aquello que es impermanente y mudable y que entraña sufrimiento, ¿os parece que se pueda con razón decir: esto es mío, yo soy esto, éste es mi Yo? –No señor-. Exactamente igual sucede con las sensaciones, las percepciones, las actividades mentales y la consciencia: todo es impermanente y mudable, todo entraña sufrimiento y de nada puede decirse con razón: Esto es mío, yo soy esto, éste es mi YO”.


* *

1) Gabriel amenazó con reducir la marcha si no se estaban quietos los de la parte trasera del coche: “Anda, que a buena hora se me ocurrió sacar a estos capullos de casa, pensó, la mitad del viaje tocándome los huevos”. Gabriel opinaba que la fortuna era algo debido, que no correspondía al azar o al esfuerzo, sino que estaba escrita en alguna parte para él, desde el principio de su vida. Por ello, los saltos de suerte, la frontera entre lo real y lo ideal apenas eran nítidos; “mi carrera tendrá su explicación al final; éste espacio entre los dos coches, el esguince de tobillo, los golpes, el amor…todo ello es claramente el elemento diferenciador entre los otros y yo”.

2) La carrera ha empezado en Nashville. Los participantes se sitúan en la línea de salida. Los favoritos buscan confirmarse en tan importante evento. La muerte de uno de ellos, ¿Será acaso debida, o más bien forma parte del juego de intereses que van flotando por el aire? Primero liberarse, y luego construir. Pero ¿es de verdad necesario desnudarse en público? Ni siquiera es más cómodo en un hotel o después del amor...

miércoles, noviembre 22, 2006

Cebolla

- Me sorprende y me inquieta la cita de Wittgenstein que preside el blog Naranja Amarga http://naranjamarga.blogspot.com/ : “El mundo es como es y ocurre como ocurre”. Leerlo puedo compararlo a despertar de un sueño o recuperarse de una gripe: todo parece abrirse con nueva perspectiva, con fresca realidad que huye de los habituales pliegos románticos, sentimentales que envuelven la realidad, ocultándola. Toda nuestra vida transcurre entre promesas de felicidad, convenciones sobre cómo materializar nuestros sueños en la bondadosa sociedad del mercado, tristezas sobrevenidas sin pretenderlo, graves carencias afectivas, menos calor humano, cada vez. Porque la vida va tratándose de un futuro próximo, de una realización que no es inmediata, ni siquiera deseada pero que está ahí como una siniestra presencia que obliga, insta, sugiere siempre en el oído de cualquier sujeto. Una iglesia, una esperanza, Dios, el amor, la felicidad… fluyen hacia el hombre con determinación de sacar varios puntos (inútiles) a la muerte, a la injusticia, que, esas sí, existen si duda y dan dolor. Hoy que llueve sobre Santander uno parece detener el tiempo, sacar lo mejor de un instante que sabemos nuestro porque lo vivimos, o porque creemos vivirlo, y busca disfrutarlo en compañía o en soledad: una conferencia, un libro, el cine (siempre el cine), para crecer y no ser un anónimo hombre gris, ladrón del tiempo. Pero sabemos que no basta y que eso va a ser siempre el problema: que no somos, sino con los otros, piezas que ensamblar con alabanzas o con piedad. Se trata, al fin, de buscar lo útil.

lunes, noviembre 20, 2006

Los Versos De La Madera


- Concluye el ciclo “Sahara Occidental, el sentimiento de un pueblo” con la esperada conferencia del poeta Limam Boicha. El salón habilitado ad hoc por Caja Cantabria se quedó pequeño una vez más ante la asistencia de amigos, camaradas y curiosos. Un lleno espectacular que demostró una vez más a los escépticos la rabiosa actualidad de la que goza un tema como el del conflicto de la antigua colonia entre el pueblo español.
Limam Boicha llegó puntual con una apariencia de humildad y de serena inteligencia y, silenciosamente, tomó asiento y comenzó una emotiva conferencia empapada en poesía y llena de ilustrativas anécdotas sobre la idiosincrasia del pueblo saharaui.
Mientras hablaba, tuve cuidado en fijarme detalladamente en un hombre que hoy, aquí, servía de ejemplo, de abanderado, de representante también (¿por qué no?) de toda una nación explotada, marginada como pocas y, además, silenciada en los medios de comunicación de nuestro país.
Capté al instante, su “castellano musical y dulce”, en palabras de Gonzalo Moure, su condición de hijo de su patria y también de ahijado del pueblo de Cuba , que lo cobijó y educó durante 12 años. Su pequeña estatura, su mirada profunda y el color cobre de su piel parecían decirnos: “esto es lo que somos, esta piel preparada para el sol, esta elegancia que sólo el desierto y la penuria puede otorgarnos y que convertimos constantemente en dignidad y lucha”.
Pausadamente, el poeta, inició su corto (¿corto?, ¡más de una hora!) pero intenso relato. Su vida, sus anhelos, su identidad quedaron al descubierto en pocas palabras que sonaron a muchas voces. Nos contó de la hospitalidad de sus conciudadanos: cenan tarde (casi a las doce o la una de la madrugada) pos si el desierto trae a algún viajero con más necesidad de probar su pan y beber su té; de su trabajo para poner en claro su identidad, su redescubrimiento de las raíces culturales de su pueblo…Nos habló de los caminos de la infusión casi sagrada de los saharauis: amargo, como la vida; dulce, como el amor; y suave, como la muerte. Tanto que escuchar y que compartir con un viajero y un amigo noble.
A lo largo de la conferencia, se sucedieron tres palabras que, indistintamente, me iba sugiriendo la voz de Limam: al principio, Movimiento; el movimiento de un nómada. Primero como hijo de nómadas del desierto, y luego, también, como exiliado en el Caribe. Más tarde, Identidad; la que busca en su regreso, la que encuentra, al fin, entre los suyos. Por último, Sustancia, la que solo puede dar la tierra y la vida entre la gente. Sus poemas, pues, son parte de su camino, de sí mismo.
Ahora, para terminar, comparto con vosotros un poema de su libro: “Los versos de la madera”:

Mi padre me dijo:
“Yo nací el año
de los dientes verdes
de los dromedarios”.

Ahora yo me pregunto:
¿Qué hemos hecho de nuestros años,
tan lejanos y estrechos?

¿Cayeron malbaratados
entre el olvido de la tradición
y la sed de las dunas?



¿Se esfumaron en el aire
como haces de leña?

Buscad los años en la poesía
Huesos de la memoria,
Como nuestros antepasados.

Nuestros años son versos,
Como una lluvia de estrellas,
Como la hermosa yerba
O el parto de las abejas.

Estos son nuestros años
Abandonados,
Esqueletos trágicos
Como grandes tormentas,
Como una lluvia roja
O un vendaval de langostas.

Y no estos otros
Incipientes y artificiales
Que ahora colgamos
Del almanaque
De nuestros sueños.

(Mitología).

domingo, noviembre 19, 2006

Síntesis


- Como los ungüentos no han curado y sigo con los ojos apretados para paliar el hambre y el frío, me tapo la cara con la manta. No ha tardado el invierno en llegar para quedarse, de romper el cristal del verano con un cierto tacto de merodeador. El sueño de noviembre no es como el de junio. Yo suelo pensar en osos cuando voy a dormirme, en hogueras, en cuevas de cobijo. Hoy no. Quizás el jarabe o los analgésicos fueron más astutos que mi mente e impusieron su dominio. Alguien oculto, en plan oyente me exige un poema de Gil de Biedma. Yo no sé por donde tirar, no acierto a dar con los versos, me agobio en rescatar del olvido versos reconocibles. Encuentro un poema. Y empiezo: “Definitivamente/ parece confirmarse que este invierno/ que viene, será duro”. El inicio, prometedor de cuento en la nieve, de oportuna razón para quejarse. Y sigo, en innecesarios e inventados versos para dar cuerpo al poema. Y, finalmente, concluyo: “como dicen que mueren los que han amado mucho”. Y se cierra, así, la obra, sin atender al hecho de que he mezclado dos poemas de Jaime: “Noche triste de octubre, 1959” y “Pandémica y Celeste”. Curioso que saque en claro en un sueño, versos perfectamente declamados, justamente recordados también y sin errores. Pero la noche del durmiente enfermo pasa lenta con un halo de convalecencia y mala disposición para el autocontrol. En las horas finales de la oscuridad, casi con las primeras luces del nuevo día, emerge como si nada, T.S Eliot del baúl del lector descuidado. Y se va repitiendo sin cesar la palabra del americano, el último verso de “Miércoles de ceniza”, como un mantra, sin cesar para la mejora: “Y llegue hasta Ti mi clamor”, “Y llegue hasta Ti mi clamor”…

viernes, noviembre 17, 2006

El Sueño De Garmish-Pantenkirschen


- En los sueños del niño-escritor vuelan alto los personajes compartidos, los ejemplos de humanidad que las bellas historias dejan para que cuiden nuestra vida y nuestro crecimiento. De ahí que los cerebros infantiles aglutinen imágenes de bondad, de valentía, del honor y el compañerismo propios de argumentos nobles y fantásticos. Por eso la literatura no forma parte del a vida cotidiana pero ésta se ve inspirada por los relatos más memorables, más necesarios.
Aún recuerdo cuando mi tía me regaló mi ejemplar de “La historia interminable”. Yo tenía 11 años. Todavía, con el paso del tiempo, revivo la inquietud que me produjo ver un libro tan “gordo”, con una letra tan pequeña. Fue mi primer desafío literario, la primera vez que dejaba a un lado los discretos libros del “Barco de vapor” y llegaba a mis manos un volumen verdaderamente serio ( o eso me parecía).
De la experiencia lectora de ese maravilloso relato de Michael Ende, guardo un recuerdo imborrable pero también ha quedado dentro de mí la imagen del alemán como el escritor, digo más, como el ESCRITOR, por antonomasia. Me ocurre con frecuencia cuando alguien me habla del oficio de escritor: no puedo sino imaginarme una vida serena, feliz en alguna ciudad centroeuropea, comprando en pequeñas y románticas tiendas de comestibles, saludando por la calle a los vecinos, llevando un discreto y agradable anonimato, siempre con la idea de escribir historias agradables, que nos hagan ser mejores a todos. La figura protagonista de mis imágenes es un cincuentón de barba blanca y espigada figura. ¿Quizás Ende? No lo sé. El caso es que siempre mantuve la esperanza, de niño, de visitar algún día a Michael Ende, de compartir con él ratos de conversación, de complicidad creadora, de sueños cómplices…Pero la enfermedad se lo llevó hace ya once años. De él nos queda tanto, tanta fantasía a la espera de ser despertada por nuevas generaciones de niños y niñas, tanto que aprender de Momo, tanto que identificarnos con Bastian…Aún es pronto para que, también nosotros, aportemos nuestros sueños a la vida que tanto amó Michael Ende.

martes, noviembre 14, 2006

De Arena Y Silencio


- Cuando tratamos de encontrar una respuesta válida a un problema político o social contamos siempre con la posibilidad de no tener razón, de exagerar o de liarnos en recovecos teóricos y perder la objetividad y el contacto con lo real. Es algo habitual en las sociedades occidentales, donde el gusto por la posiciones y por los “compromisos” irrenunciables suele trascender el frío análisis. No es complicado, pues, confundir a la opinión pública con debates inútiles y retorcidos sobre quién es culpable y quién es un héroe en cada uno de los problemas del mundo. Observo cada día la aparición en los medios de comunicación de nuevas problemáticas, nuevas tomas de posición de intelectuales y no me queda más que pensar: “de acuerdo, nadie tiene toda la razón en esto”. Pocas son las ocasiones en las que uno puede relajarse en una opción sabiéndola correcta y justa.
Ayer por la tarde acudí a la conferencia que ofreció el escritor Gonzalo Moure dentro del ciclo: “Sahara occidental, el sentimiento de un pueblo”. La verdad es que mi conocimiento del asunto del Sahara es menos que discreto. O sea, que parto del conocimiento básico de cualquier ciudadano español: “España abandona su colonia en el Sahara y Marruecos invade el territorio agregándolo a su dominio”. Vamos, que desconozco en profundidad qué se está haciendo y cómo va el sempiterno referéndum de autodeterminación prometido por la ONU. Gonzalo disertó durante más de una hora sobre su relación con el pueblo saharaui, su amistad con el poeta Limam Boicha, su profundo desencanto con la actual situación de un crimen internacional obviado por los medios de comunicación y su compromiso de continuar batallando como un soldado más (un soldado de paz y de cultura) defendiendo el derecho de este pueblo (éste sí) oprimido y vilipendiado.
Y ahí encontramos una muestra de cómo intereses ocultos y malignos pasan por encima de la nobleza de la ciudadanía y tratan de enfriar el problema, de que no se hable demasiado sobre una situación que clama al cielo y al hombre. España tiene no sólo la responsabilidad de origen, sino, sobre todo, la oportunidad de solucionar esta injusticia ya que legalmente aún conserva el status de potencia colonial del Sahara y le bastaría con un simple acto administrativo ante la ONU para que se realizara ya esa consulta prometida.
En nuestro país un 98% de los ciudadanos están a favor del derecho de autodeterminación del pueblo saharaui. Rara vez se encuentra tal unanimidad en los problemas que consideramos vitales para el normal funcionamiento de las instituciones. ¿Por qué, entonces, el gobierno (éste, todos) no han encontrado ni un solo día de valor ante Marruecos y la comunidad internacional para acabar de una vez con esta masacre que ya dura 35 años? Hay intereses, claro: económico y políticos (EEUU es un firme aliado de Marruecos).
Como decía, hay asuntos que por su especial familiaridad, o por su clara realidad nos tocan muy en el fondo. Aún cuando no estuve quizás de acuerdo con todo lo que dijo Moure ayer en Santander, sobre todo en lo relacionado con el excesivo nacionalismo cultural con el que quiere impregnarse toda actividad del Sahara, sí encuentro algo luminoso ahí: la evidencia de la razón en un problema político. A saber: Marruecos ha violado la legalidad internacional y España no ha hecho nada para remediarlo; entre medias, todo un pueblo sufre de la exclusión, la cárcel y la tortura en su propio territorio.

lunes, octubre 30, 2006

Al Tercer Día

- En ocasiones la labor creativa nos la creemos única, personal, exclusiva hasta la inmodestia. Son casos en los que nuestra concepción del mundo y los sentimientos que nos produce el cotidiano acontecimiento de vivir aportan a la materia un halo de buena voluntad, de atención y de profundidad individual que es, al final, de lo que se trata en literatura. Lo malo es que los minutos que hemos vivido rara vez ofrecen reflexiones novedosas, radicales aportaciones a la humanidad, visiones necesarias para el pueblo. Entonces sucede la admiración y también algo de rencor a la mente privilegiada que nos roba en el pasado nuestras certezas presentes. Algo así me ha ocurrido recientemente con la lectura de “La muerte de Ivan Illich” de León Tolstói. Hay en el escritor ruso toda una obsesión sobre el paso del tiempo, el cumplimiento del deber, la aceptación de la transitoriedad individual, que, de alguna manera, condensan toda la preocupación visceral del hombre moderno. En apenas 150 páginas el hombre que somos, con toda su indecisión, con todo el horror que su orfandad de Dios le produce, se vuelve aún más vulnerable al asistir a su propia destrucción sin un final esperanzador que ilumine la fe que late aunque muy lejos. Lo bueno de Tolstói, lo genuino y, a la vez, familiar en cualquier lector preocupado, es su propio espíritu contradictorio: conde y zapatero, cristiano y descreído, hombre moral y al mismo tiempo cobarde y acomodado, asceta y jugador. Y ahí, en ese universo vital del ruso, podemos sentirnos a salvo en el pecado que tarde a tarde, mañana a mañana alimentamos con desidia e incluso con insurgente rabia. La vida nos ata, que diría Gil de Biedma, pero ¿sus frutos son también parte del mapa oculto que nos guía en esta existencia tan aparentemente hueca?, ¿O sólo la virtud y el mal hacen huella en nosotros?

viernes, octubre 13, 2006

Ceremonia

- La última noche no salgo y me quedo a solas con la biblioteca. Es difícil hacerse una idea del gran silencio de mil voces que nos acoge y nos ata en el papel. Tantas apuestas comerciales, tanta idea vuelta en nada, sin influencia ni lectura. Ahí, los libros de Grosso, de Reich, de Lukacs. El freudomarxismo, no me digas tú... Papelera más que éxito o que esperanza. La magia de los libros la podemos dividir en dos grupos: 1) Los que lee mucha gente y uno disfruta leyendo a coro (Harry Potter), y 2) Los que ya no lee nadie o de los que nadie habla por olvido o por desidia. Uno se les acerca como tratando de escudriñar en exclusiva su misterio, buscando la complicidad, la ternura marchita de ese libro que ya no es sino en breves instantes y para unos pocos. Hablo de Alberto Moravia y su “Viaje a Roma” y de Calvino en la vieja edición de 1972 de “Las ciudades invisibles”. Anoche me quedo con esta magia dialogada de Marco Polo y el Kublai Kan en la que el italiano ofrece al monarca una visión de diferentes ciudades con nombre de mujer. Lectura amable, críptica a veces, poética y siempre talentosa…y única. ¿Somos lo lectores, cuando la moda y el tiempo han pasado, ratones que arrancan las palabras de hojas huérfanas?, ¿Acaso no se dijo siempre que la literatura era, fundamentalmente, resistir a la muerte, al tiempo? El olvido pesa tanto en las manos de la juventud que resucitamos lo que mata o lo que oculta. Y nos hacemos intérpretes de lo que faltan. Los pequeños libros que no marcan época.

sábado, septiembre 30, 2006

Samaria



“¿Qué me importa la multitud de vuestros sacrificios?. Estoy harto de holocaustos de carneros y de grasas de becerros; la sangre de novillos, de corderos y de machos cabríos me hastía... Me causa horror su incienso... Lavaos y purificaos, alejad vuestras malas acciones de mis ojos; dejad de hacer el mal, Aprended a hacer el bien, buscad lo que es justo, socorred al oprimido, haced justicia al huérfano, defended a la viuda” (Is.- I:11, 13, 16-17).

miércoles, septiembre 20, 2006

De Thomas Merton


Dios, Señor Mío, no tengo idea de adónde voy. No veo el camino ante mí. No puedo saber con certeza dónde terminará. Tampoco me conozco realmente, y el hecho de pensar que estoy siguiendo tu voluntad no significa que en realidad lo esté haciendo. Creo que el deseo de agradarte, de hecho te agrada. Y espero tener ese deseo en todo lo que hago. Espero que nunca haré algo apartado de ese deseo. Y sé que si hago esto me llevarás por el camino correcto, aunque yo no sepa nada al respecto. Por lo tanto, confiaré en ti aunque parezca estar perdido a la sombra de la muerte. No tendré temor porque estás siempre conmigo, y nunca dejarás que enfrente solo mis peligros.

lunes, septiembre 11, 2006

11S


- Cinco años sin pretender justificar la melancolía, la nausea que han dejado. Miro el calendario y el vértigo se acentúa. Yo soy más viejo y mi espacio empequeñece. No lo dudemos: fue el fin de la posmodernidad. Se acabó el jugar con las palabras, el grunge, la metafísica de las costumbres. Creímos haber acabado con los bajos fondos del hombre, con la crueldad, con un odio parejo al crimen. Pero fue el vano. El mundo se mostró con nueva fiereza. Y somos menos. Concretamente miles.

sábado, agosto 19, 2006

Desde La Torá


- A Maimónides (Rabí Moshé ben Maymon), le debemos su resumen de la fe judía* en trece artículos:

1) Dios es creador y providencia del mundo.

2) Dios es uno y único.

3) Dios es espíritu y no puede ser representado bajo ninguna forma.

4) Dios es eterno.

5) Sólo a Dios debemos dirigir nuestros rezos.

6) Todas las palabras de los profetas de Israel son verdaderas.

7) Moisés fue el mayor de todos los profetas.

8) La Ley, tal como los judíos la poseen, fue dada por Dios a Moisés.

9) Ningún hombre tiene derecho a reemplazarla ni a modificarla.

10) Dios conoce todas las acciones y todos los pensamientos de los hombres.

11) Dios recompensa a quienes cumplen sus mandamientos y castiga a quienes los transgreden.

12) Dios enviará al Mesías anunciado por los profetas.

13) Dios hará que los muertos vuelvan otra vez a la vida.



* Alejandra Cukar e Igor Zabaleta: Judaísmo: El Culto de las Doce tribus.
Editorial Edimat.

viernes, agosto 11, 2006

Un Cierto Dominio


- Cuando los domingos parecían aún domingos. El cielo cubierto, la mañana húmeda del norte y las narices taponadas por la alergia. Cuánto de verdad en esa experiencia solitaria, melancólica de estar bien (no digo a gusto) en tu entorno, seguro de que la vida debe desarrollarse de esta manera y no de otra. Quizás emitan “Juegos sin fronteras”. ¿Recordáis? Y la merienda podamos mojarla con naranjada. Sofía estará en su terrible Noruega natal, analizando los insectos del jardín, limpia, como solo las nórdicas pueden serlo. Y todo así, que hasta esperamos con ganas un fin de semana, para no salir, sólo disfrutarlo con alimentos antiguos (llámese Foigras, Fanta, Nesquik) y ropas de niños. Luego, quizás el tiempo mejore y vayamos a pasear cerca de la playa. Tú con tu toalla o la sombrilla. Yo prefiero el rastrillo y el cubo. Ser un niño bueno, al fin y al cabo y poder no pensar en nada demasiado a fondo…Pero quizás mejor así. Con esta silueta de plenitud a la espera. Sin aquellas mañanas de amor-en-familia. Pero más capaces, también, de no llorar por las noches.

miércoles, agosto 09, 2006

Esfinge


I

- ¿De qué otra orilla me acuerdo escuchando “Here With Me” de Dido?...¿Por qué tu adiós no produjo fantasmas? Y tu antídoto es genuino como para adorarte en ausencia, en fantasía. Una cámara lenta que sugiere interés, felicidad de juventud, calles conocidas como testigos de una vida plena. Los otros que sin urgencias se preocupan de nosotros porque no nos miramos a los ojos cuando nos decimos cosas, ni mostramos excesiva piedad a los necesitados. Porque tú fuiste la primera en marchar y ahora que me quedo solo bajo la protección de algún demonio bueno, miro hacia atrás y descubro que fue verdad lo que duraste, que no fue invención ni lunática respuesta hacia el tiempo que habían prometido. Que nos habían prometido.



II

- Me gustaban los sombreros que solías llevar en aquellos días de 1979. Ahora cuando veo Manhattan, y Diane Keaton dice todas esas cosas de Bergman o Allen trata de cubrirse de la tormenta frente al observatorio, trato de buscarte entre la gente, porque tú ya eras entonces. Ya escapabas de la vulgaridad con todas las ganas de “no perder el tiempo”. Y hacías como que me pegabas cómicamente en el hombro o jugabas con mi pelo. O te escondías en el apartamento para jugar, o leías a Kundera. Pero digo de los sombreros porque tenías muchos y muy diferentes. Y no te gustaba repetirte en eso. De vez en cuando tratas de volver a verme y yo te rehuyo, me alejo de ti para no ver algo más que juventud, para evitar, al menos, las arrugas, los malos modos de un juego no tan brillante. Como será el tuyo ahora, que los años son más pesados y no te quedan sombreros.


III

- Sé que no quedan más años. Mis hijos han tratado, en vano, de visitarme. Prefiero quedarme con mis pájaros. No quiero molestias, ni representaciones. No los quiero. Ni a la nena, ni al mayor. Yo me quedo tan a gusto con mis libros también, que no abandonan a un viejo, aún medio ciego, que los mima y los acaricia como antaño. No me quedan años, apenas meses. Sigo esperando, sin sentido, el regreso, la aparición, el milagro que me la devuelva. Él sabe que vive lejos y por eso cuando le pregunto: “¿Ha llegado?”, me contesta: “Mañana, Señor”. Y yo me lo creo. Y duermo feliz, con su recuerdo todavía joven entre las sábanas.

lunes, agosto 07, 2006

La Humedad Del Mundo

"Las cárceles se arrastran por la humedad del mundo,van por la tenebrosa vía de los juzgados:buscan a un hombre, buscan a un pueblo, lo persiguen,lo absorben, se lo tragan". Miguel Hernández.

- Aún cuando los demás tratan de sacar provecho de nuestras situaciones (para bien o para mal), el resultado es netamente individual. Así, por ejemplo, la Primera Comunión, que no deja de ser una celebración familiar sin más historia pero que es el niño o la niña quien “sufre” o “recibe” las consecuencias. Cada vez que interpretamos el papel de feliz comunidad (ya sea simplemente vecinal o de parentesco, incluso política) no hacemos sino perpetuar la condición de parásitos de un individuo. Éste, principal protagonista de su historia, cede parte de su actividad en favorecer la dicha de un grupo de personas. La intervención del “grupo” como cuerpo aglutinador de diferentes ceremonias es la que da sentido a muchas de ellas. De lo contrario, el aburrimiento sería inaguantable, por otra parte.
Pero diciendo esto como introducción; o sea, el espíritu de verbena que dejamos ver en nuestro quehacer cotidiano (bodas, bautizos, cumpleaños, funerales, etc), y que hasta es gracioso y muchas veces agradecido (¿quién no se ha aburrido en una boda?), no podemos dejar de atender al otro rasgo social que nos define y nos condena también al morbo y a lo desagradable: nuestra vida tiene un episodio imposible de pasar sin la intervención de los “otros”: La muerte. Un funeral no deja de ser, en teoría, un homenaje, un recordatorio en el que deja ver toda una vida de amistades y negocios sociales. Incluso en EEUU, los actos fúnebres no terminan en la inhumación sino que se alargan hasta el hogar de fallecido donde se dan rienda suelta a las narraciones de anécdotas y experiencias compartidas, ante una bandeja de canapés o una botella de Ron. Por lo tanto pensar en la incipiente descomposición del cadáver y en la “fiesta” que al mismo tiempo tiene lugar en el hogar del fallecido provoca, cuanto menos, un escalofrío.
Pero no era éste el propósito de mi texto. Yo quería hablar del utilitarismo que en nuestra sociedad, como en otras (casi en todas) es característico. Nuestra vida cotidiana, los episodios fundamentales que nos hacen sufrir o disfrutar están a merced del gran ojo del coro social, que muchas veces es de agradecer, pero otras toca los cojones.
Espero no ser tratado de demagogo si, enlazando con esto, hablo del edificio capital en cuanto a intervención social se refiere: la cárcel. La cárcel personifica como ninguna otra cosa la hipócrita búsqueda de control del individuo y de prevención general de la masa ciudadana. Así, pretender encerrar a un tipo durante 40 años para que pague un asesinato, por ejemplo, no es sino contabilizar, calcular una pena “a ojo” sin atender a la verdadera tragedia de los familiares de las víctimas. Me explico. Si un asesino paga con la privación de libertad en un edificio oficial, esto no es justicia sino un remedio barato, políticamente correcto que no busca sino provocar el sufrimiento en el condenado como “ejemplo” para otros delincuentes potenciales. ¿En qué beneficia a un preso perder la libertad de movimientos, la independencia? En nada. Todo forma parte de lo que nos han enseñado: que nuestros actos, al tener relevancia social, están a merced de los otros; que nuestra vida, en definitiva, no nos pertenece, sino que, puestos en lo peor, somos poco más que carne para ser usados, para que se especule con nuestra vida. No tiene sentido, desde un punto de vista teórico (desde el mío, al menos) un sistema de justicia general que busque la eliminación positiva del individuo en su esencia.
(Apunte: El único deber que tiene el preso es tratar de escapar. Lo más pronto posible, sin demora y sin daños).

domingo, agosto 06, 2006

Mis Cosas


- Puede que no todo empezara con un día torcido. Y hasta puede, que la virtud estuviera a un lado desde el principio, desde el orden que yo daba a mis cosas. Nada que decir de mis contemporáneos que solían aplicarse en la decoración, incluso en la luz que buscaban para su espacio. Yo siempre me distinguí por una cierta anarquía, no suciedad pero sí abandono (buscado o no), con el que recibir a las visitas. Por no hablar de las chicas con esas habitaciones perfumadas, esa pulcritud en las formas y en el fondo que te hacían desear quedarte para siempre. No había interés desmedido, sólo buen gusto…Puede (y digo puede porque no conozco con seguridad el origen de todo) que ese fuera el principio de la desidia, del “dejarse llevar” que nombró a mi vida en la Gran Ciudad. No creo en las grandes tragedias, sólo en las que uno es capaz de imaginar para sí mismo. Y era esa la coartada perfecta para la hecatombe personal, el fin de todas las esperanzas de triunfo. ¿Puedo decir, sin temor a exagerar, que fue una C-R-I-S-I-S? No hay por qué ocultar la realidad. Y el sufrimiento aún menos.
Era esa mesa. Esa mesa y esa silla. Esa mesa, esa silla y el orden de los Cds y los libros. La luz irreal de la ventana. El tacto hostil de las cosas que no pueden tener vida para otros porque manchan las manos y las promesas de vida, que es lo que hace falta siendo joven.
El polvo viejo, cubriendo las sábanas y los flexos, provocando la alergia a la juventud ahí escondida. Escondida de los otros. Escondida para los otros también, que jugaban a ser libres a cada rato, con la recompensa de equilibrio al final.
Todo ha quedado atrás como un valle de reyes, con una felicidad a regañadientes. Con un recuerdo agridulce de una época que pudo ser la mejor de mi vida y ha empañado los restos del naufragio con un polvo que no se quita.

viernes, agosto 04, 2006

Licenciatura En Derecho

- No hay posibilidad de reciclaje. Se pasa a menudo por el embudo de la responsabilidad, de lo que se espera de uno para formarlo, para atarlo más adecuadamente a una realidad que no va a ser felicidad sino trabajo. Y ese trabajo es más duro de lo que parece en el “bad side of the road”…Si la meta no es la buscada, aún se puede aceptar con honores, sin rectificaciones ni malas caras. Pero, la actividad es la madre de todas las batallas. Es la posición que debemos ganar cada día. Porque sólo de ahí vendrá la experiencia. Y un futbolista se hace marcando goles, y un tenista se hace ganando partidos. Uno tras otro. Lo contrario, el perpetuo avance a hurtadillas, sin la seguridad que da lo bien hecho y lo dispuesto en el modo correcto, es lo que nos hace presos del tiempo que se escapa. Y no puede volver porque nunca ha sido nuestro. Nunca lo hemos modelado. Como hubiésemos querido, al menos

jueves, agosto 03, 2006

Orla

- Si es que al final todo depende de muy poquitas cosas. Uno se avergüenza y trata de poner remedio al asunto y, por ello, busca un sitio, o una idea novedosa, original. Nadie duda de pertenecer a la casta de los elegidos, sobre todo en estas latitudes del artisteo y de los “poetas profundos”. Todos tenemos nuestra fórmula especial de trabajo y remedio infalible que, al final, se queda en placebo agradable o, en el peor de los casos, ridícula farsa.
Para no estar solos, que de eso se trata, y poder hablar de lo que queramos: del amor, de poesía, de política, del fornicio. Para no estar solos, digo, y que nos contesten; que haya interlocución e intercambio. Y es la gran familia, acogedora o inmisericorde que nos acompaña en esta aventura blogera. Y espero que por muchos años. O, al menos, hasta que nosotros queramos. Basta la libertad siempre, no dar gratuitamente pastel al lector, tratarlo con respeto, sin temor a su voz, que aparece rauda en forma de comentario cada vez que quiere patearnos… o agradecernos.

domingo, julio 30, 2006

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- El problema está en no saber utilizar el lenguaje para incorporar matices válidos en las discusiones. Ocurre en la política, donde de un tiempo hasta parte se hace ideología más que necesaria labor gestora de los asuntos importantes, pero también nos pasa a nosotros en nuestra cotidianidad, en el día a día superviviente y mágico de los trabajadores o estudiantes. Nada peor que enamorarse o conocer a alguien interesante o medianamente satisfactorio a nuestros ojos para que, rápidamente, supuremos tópicos, nos introduzcamos en la obligada ceremonia de saludo, de los verbos vertebradores no sólo de la comunicación, sino del ocultamiento y el secreto que guardamos sólo para nosotros. Esto es la jungla y la lengua nos sirve de colmillo para defender o atacar según el caso. Cuando la población veinteañera de este país insiste en mostrarse acorde al cinismo de los tiempos, a la pretendida especulación que cierra puertas y abre competencia, aburrida muestra empresarial de la vida normal de hombres y mujeres, se percibe sin duda la caída de la moral, de la educación y los buenos sentimientos. ¿Qué sociedad nos lleva sin remedio a necesitar de los otros sólo como surtidores o posibles adversarios naturales?, ¿qué depuración de los valores, que ahora nos fatigan desde niños con sólo pensar en nosotros mismos? Porque el tiempo, al final, es más cruel, más implacable porque usa del silencio como arma; y de la paciencia. Y nos encontramos con ochenta años, quizás impedidos, solos y sin el amor y la amistad, únicamente con la compañía de colegas, compañeros de viaje que obtuvimos en buena compra. ¿Y a quién agarrar de la mano en el trance de la muerte? ¿A un socio, a una socia? Porque nadie vendrá después para besarnos la frente. Todo lo que el lenguaje nos brinda es simpleza, no poder hablar de lo importante porque no hay palabras, expresiones que vayan más allá de lo frívolo del trato, apenas amable y duradero. De esta forma se alzan victoriosos los malentendidos, la paranoia: por-no-hablar-las-cosas…Sólo pensar en Kobayashi Issa cuando dice:

Le sobrevive,
le sobrevive a todo
la frialdad.